Pero lo más espectacular de todo es la forma en que está decorado, como si fuera un palacio barroco lleno de obras de arte al más puro y extravagante estilo siglo XVIII.
Más de cien artistas parecen haber contribuido a este derroche visual repleto de mármoles venecianos, esculturas, espejos envejecidos, frescos, flores exóticas, jarrones y otras porcelanas chinas y japonesas.
Mientras los clientes cenan les acompaña un cuarteto de harpas que interpreta a Mozart, aunque aquí parece que la comida es secundaria y lo importante es disfrutar del ambiente.
Vía | Travel NY Times